Valparaíso es una ciudad vertical con quince ascensores centenarios y un tren de superficie que la cose con Viña del Mar. Entender esas dos cosas es entender cómo se recorre.
El transporte de Valparaíso se entiende en dos ejes. El horizontal es el Merval: una sola línea de tren urbano entre Puerto y Limache, 21 estaciones, que recorre la costa y enlaza Valparaíso con Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana.
El vertical son los ascensores: funiculares de finales del XIX y principios del XX que suben a los cerros. Quedan menos en servicio de los que hubo, pero varios de los del centro funcionan y son la forma lógica —y monumento— de subir.
La ciudad se divide entre el Plan, la franja llana junto al puerto donde está el Merval, y los cerros, donde está todo lo que se viene a ver. Alegre y Concepción son los dos que concentran los murales, los miradores y los restaurantes.
El tren es, además, la manera obvia de dormir en Viña y visitar Valpo, o al revés: quince minutos entre las dos y trenes cada seis minutos en hora punta.
Valparaíso se camina y se sube. Estos siete son los que a nosotros nos parece que valen el desnivel.
Todo lo de arriba lo puedes hacer por tu cuenta con esta página delante. Esto otro lo montamos nosotros: es la misma idea de siempre —no sabes qué te toca hasta el día antes— aplicada a Valparaíso.
Eliges desde dónde sales y a dónde vas, y te decimos qué cuesta la aventura y qué te costaría llegar. El vuelo y el alojamiento los reservas tú: no somos agencia de viajes y no queremos serlo.
El Merval cobra por zonas y por franja horaria: el mismo trayecto cuesta más en hora punta. Son tres zonas —A, B y C— entre Puerto y Limache.
Lo que más planes estropea aquí es el fin de semana: el domingo el primer tren desde Puerto no sale hasta las nueve. Si tienes algo temprano en Viña, cuenta con bus.
Si quieres el detalle línea por línea —qué estaciones tiene cada una, qué hay alrededor de cada parada y cómo calcular un trayecto concreto—, lo tenemos todo en nuestra guía del Merval. Es una de las webs que publicamos nosotros y es gratuita.
Valparaíso no tiene aeropuerto propio: se llega por Santiago, a unos ciento veinte kilómetros.
Si aterrizas con luz, el bus directo. Si llegas de noche, casi siempre compensa dormir en Santiago y bajar a la costa por la mañana.
Dos días completos dan para los cerros Alegre y Concepción, La Sebastiana, el puerto y una tarde en Viña. Con tres entra Isla Negra o la costa hacia Concón sin ir corriendo.
Es un trayecto que cruza de zona: $930 fuera de hora punta y $1.030 en punta. Tarda unos quince minutos y hay trenes cada seis minutos en las franjas de más tráfico.
No. De los que llegaron a existir queda una parte en servicio, y algunos entran y salen de mantenimiento. Los del cerro Alegre y Concepción —Reina Victoria, El Peral, Concepción— son los que se usan habitualmente para la visita.
En Valparaíso si vienes por la ciudad, el arte urbano y la noche; en Viña si buscas playa y algo más tranquilo. Con el Merval en medio, la decisión pesa poco: son quince minutos.
El centro turístico y los cerros Alegre y Concepción se recorren sin problema de día. Como en cualquier ciudad portuaria grande, conviene no exhibir cámaras ni móviles en zonas solitarias y volver de noche por calles principales.
Esto es lo que hacemos cuando viajamos. Lo otro que hacemos es montar aventuras en las que no sabes qué actividad te toca hasta el día antes — de momento, en España.