El metro de Estocolmo tiene noventa de sus cien estaciones decoradas por artistas suecos. No es una curiosidad: es que el trayecto forma parte de la visita, y eso cambia por completo cómo se organiza un viaje aquí.
El sistema se lee en dos niveles. Arriba, tres colores: roja, verde y azul. Debajo, siete sub-líneas numeradas —T10 y T11 en la azul; T13 y T14 en la roja; T17, T18 y T19 en la verde—, que son las que aparecen en los paneles del andén.
En el centro los colores comparten vía, así que si vas de T-Centralen a Slussen cualquier tren verde o rojo te sirve. La sub-línea sólo importa cuando el color se abre en ramales, ya en las afueras.
La ciudad son catorce islas y eso condiciona todo: casi ningún trayecto es en línea recta y andar de un barrio a otro implica puentes. El metro se los salta.
Y luego está el arte. La línea azul es la más espectacular —Kungsträdgården, Solna centrum, Stadion en la roja— porque va excavada en la roca viva y la dejaron a la vista, pintada. Ver cinco o seis estaciones con un billete de 75 minutos es uno de los mejores planes de la ciudad.
Con el casco antiguo dentro, porque no ir sería raro, pero sin quedarse ahí, que es el error clásico de Estocolmo.
Todo lo de arriba lo puedes hacer por tu cuenta con esta página delante. Esto otro lo montamos nosotros: es la misma idea de siempre —no sabes qué te toca hasta el día antes— aplicada a Estocolmo.
Eliges desde dónde sales y a dónde vas, y te decimos qué cuesta la aventura y qué te costaría llegar. El vuelo y el alojamiento los reservas tú: no somos agencia de viajes y no queremos serlo.
Lo gestiona todo SL: metro, autobús, tranvía, cercanías y varios barcos. Tarifa única en toda la región, sin zonas, desde 2017.
Con dos trayectos al día no compensa ningún bono: paga por viaje. A partir de cuatro o cinco, el de 24 horas sale mejor, y si vas a hacer la ruta de las estaciones-museo lo amortizas en una tarde.
Si quieres el detalle línea por línea —qué estaciones tiene cada una, qué hay alrededor de cada parada y cómo calcular un trayecto concreto—, lo tenemos todo en nuestra guía del metro de Estocolmo. Es una de las webs que publicamos nosotros y es gratuita.
Arlanda está a cuarenta kilómetros y hay tres formas de bajar, con precios muy distintos por el mismo destino.
Con prisa y sin mirar el precio, el Arlanda Express. Con tiempo, el cercanías y te ahorras bastante. Comprueba siempre el peaje de la estación de Arlanda antes de decidir: es lo que descoloca la comparación.
Tres días completos dan para Gamla Stan, Djurgården con el Vasa, Södermalm y una ruta por las estaciones de arte. Con cuatro entra el archipiélago sin ir con prisa.
El billete sencillo cuesta 42 SEK y vale 75 minutos en toda la red de SL, transbordos incluidos. El bono de 24 horas son 175 SEK, el de 7 días 295 SEK y el de 30 días 970 SEK.
Sí, y es de las pocas veces que lo decimos sin matices. Más de noventa de las cien estaciones tienen obra permanente y la línea azul, excavada en la roca, no se parece a nada. Con un billete de 75 minutos se ven cinco o seis.
Es cara, sobre todo para comer fuera y beber alcohol —que además sólo se vende en las tiendas estatales Systembolaget—. El transporte y los museos están en la media europea, y hay bastantes cosas gratis: los miradores, el archipiélago cercano y las propias estaciones.
Junio y julio, por la luz y las terrazas, con la ciudad medio vacía de suecos en julio. Diciembre tiene mercados y nieve pero muy poca luz. Los meses intermedios son grises y es cuando menos compensa.
Esto es lo que hacemos cuando viajamos. Lo otro que hacemos es montar aventuras en las que no sabes qué actividad te toca hasta el día antes — de momento, en España.